viernes, 18 de julio de 2014

El orgasmo de las chicharras (poner audio y luego leer)



Estoy levantando mis escombros acomodando el rompecabezas de mi mente; con el brío del viento sobre los árboles y el sol de las 3 de tarde, los recuerdos atados a la muñeca, para no olvidarme, para pisar de nuevo con más fuerza, para saltar con más cuidado, para sonreirle al otro que pasa, al otro que no soy yo, para darle la mano a un perro o arrodillarme en una capilla aunque no crea en ese dios, aunque carezca de sentido.

La noche te regala la calma de la soledad, el sosiego de tus pensamientos, la visita de tus fantasmas ese aliento de ausencia que te arropa.

Me contemplo en el vaivén de las hojas, frágiles y hermosas, susurrando, siempre susurrando, siempre algo lejano, siempre mudo como el sonoro canto del río que fluye siempre sobre las rocas y pese a ellas y para ellas.

Me gusta el orgasmo de las chicharras en verano con esa sensación de muerte triste y hermosa acompañándolo, por eso lloramos o reímos o nos contemplamos, para no olvidarnos de la muerte, para saber que estamos, aunque sea un segundo, unidos para siempre y luego nada; luego de nuevo la soledad de un cuerpo; ellas,  las chicharras, no sabrán jamás este doloroso destino, no sentirán la tristeza del cuerpo que fuiste, no contemplarán el abismo en los ojos del otro, no darán la mano a un perro ni pasearán a las tres de la tarde, no necesitan atarse a la muñeca el señuelo de sus pensamientos, porque no lo necesitan, porque son el sonido del viento, el árbol que canta, el fluir del río, las hojas que caen y la muerte que las acoge. 


miércoles, 28 de mayo de 2014

Así a secas

Como revoluciones, suave espasmo sobre las sábanas,corregidos, restaurados fuimos, depurados, como sábanas o pisos de cocina; en la plenitud de la mañana que pasa, en la ignominia.

Que suave su pecho señorita. Como acertando a tropezones,de vez en cuándo.
¡ Y sus manos! que delicadeza. Que firmes que hábiles pájaros revoloteando,azotandose a drede contra el agua, con la humedad del río, con la humedad, así, a secas. 

martes, 27 de mayo de 2014

Rarezas


El contraluz de las manos era una figura en blancos y sombras, que de un lado a otro manejaba, domaban la piedra capilar que tallaban y removían mientras a su paso, su suave aroma envolvía todo una y otra vez, aunque el viento se lo llevara luego, mientras  los sonidos de la destreza; unos filos que chocan y cortan y rasgan y sólo peinan y la máquina con su continuidad mecánica deslizándose sobre mi cráneo y de nuevo los dedos serpenteándome por la cabeza. El tacto, el acto, la sola presencia, la pasión,  eso era lo que esperaba con ansia, la pasión. 

jueves, 22 de mayo de 2014

paloma

no ausentamos como plumas, como peces.
Si te callas es la muerte, la falta del aire.

lunes, 31 de marzo de 2014

Polvo

De repente me sabes más,
 un poco más fuerte,
un tanto más en las encías;
como el sabor de algo que se atora en los dientes
 Me da por buscar,
 en la telaraña,
 en la cabeza,
 entre las sábanas,
como destrozábamos los puños contra el piso de nuestros cuerpos;
como decidíamos desmantelarnos
y someternos
 y olvidarnos en nuestros cuartos con las luces apagadas.
Ahí, a la derecha está el interruptor.


sábado, 1 de diciembre de 2012

tu

cuando se me cruza el ocaso por la ventana, cuando los pájaros del limonero están sin estar, cuando les oigo, como de lejos, como susurrando la muerte fantasma, esa que me persigue como la circunstancia, como el amor del que huyo, ese al que temo.

cada paso sobre el desierto de mi propia circunstancia, como si no estuvieras más, como si quisieras irte o ya te has ido y yo no me fije lo suficiente, el arbolito se está quedando sin hojas y yo no se a dónde seguirte, porque no se siquiera si tu quieres que te siga.

te oigo de lejos, en la habitación contigua, como una radio vieja que murmura algo en inglés, algo viejo y desgastado.
Ya no te propongo lo suficiente, ya no te incito lo suficiente, me estoy convirtiendo de nuevo en una sombra que se esconde.
otra vez me está doliendo la cabeza otra vez, el alma me aprieta en el pecho, ya no quiero retenerte ni siquiera preguntarte, porque la verdad tampoco quiero saberlo.
hoy se me cruza tu ocaso y se que esperas terminar esto para irte y eso duele, duele de veras, aqui  cerquita de mi soplo, a un lado de mi muerte anunciada. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

La medida de las hojas

Hoy te medí con las hojas de mis recuerdos, desde la copa alta de este árbol mio en que me escondo. Las hojas miden a los grillos y la noche también se mide en hojas. Te saqué la altura y el perímetro que abarca tu sonrisa lupina, me estremecí, dejando latir mi corazón enfermo sin miedo a la parálisis póstuma, sin enredos de medio tiempo, con la plena convicción de encontrar esos ojos tuyos sobre mi hombro, acurrucados entre mis labios; el sabor de tu noche entre mis piernas, la respiración tranquila de tu espíritu en mi vientre.

Hoy te medí también el cansancio y las horas en vela, las caricias que no te he dado, las noches que no pasan, la mano que me cuida de vez en cuando, sobre todo en la penumbra de mi mente.

Hoy te medí lentamente, con los trazos que mis dedos te regalan con la zozobra de un niño que baja las escaleras por la noche en busca de agua, con ese miedo infantil, con esas ganas de sentirlo, con la misma muerte como meta y enemigo.

Así te medí y te encontré de lleno en el espejo de la puerta, en los movimientos lentos de mis ojos que se dibujan en tu boca, con la caricia de mi noche rosando apenas tu mañana cálida por debajo de las sábanas, con la respiración agitada de mi espíritu en tu pecho.

El reflejo se congela y me deja caminar tranquila, las hojas te las regalo, déjame convertirte en mi árbol-casa, déjame vivir dentro tuyo, al menos por las noches, al menos en invierno, antes de que muera congelada, porque mi refugio se ha quedado sin follaje, porque la casa ya no tiene el mismo significado. 

jueves, 2 de agosto de 2012

Porque sí

Escribo de ti porque no me queda más en el laberinto de este violento viaje de nueve días.
Sin embargo no quiero escribirte nada porque  significa muerte y olvido, como tatuarme la derrota de antemano, como dejar que esa ráfaga de viento, de veras nos devore.

Quiero, al menos,  algo real para sentirme triste, conocer el sabor de una boca, el olor del sexo, cómo me sostienen unas manos, tus manos  por la cintura; saber al menos si te ha pasado por la cabeza cogerme. A mi me pasa siempre, y me pasan variantes de la misma fotografía, tiendo a refugiarme bajo el ala  protectora de mis pensamientos.  Tiendo a que de verdad no me importe, porque da igual si te imagino que si pasa.

Pero masturbarme es una cosa diferente, no te involucra, quiero sentir que me sientes, rodearme de tu aroma, ese que no sudas a diario, ese que dejamos caer sobre  la espalda, entre las piernas, a un lado de nosotros, entre nosotros.  siempre y cuando una horda de mosquitos no se infiltre en esta otra batalla, en la que libramos por las noches, cuando no miran de reojo, cuando no platican de nosotros.

y sin embargo nos servimos de lo mismo, evadimos los demonios con ese agudo ojo del otro, del que nos espía, ese que muere de ansias de sabernos, de estar seguro de nosotros aunque le importe nada.  Esa expectativa nos vuelve intocables, impenetrables, bandidos o fantasmas de todas las fantasías que nos rodean, como si alimentáramos nuestra propia lívido con las conjeturas, seguramente falsas, de los que nos juzgan.

Dejemos pues que la historia nos haga parte, aunque sea mentira, aunque jamás estemos a tres dedos de nuestros labios, aunque jamás sintamos nuestro sexo, aunque no me llames al oído, aunque te quemes de mi y yo de ti siempre.

y aunque nos imaginemos lejanos y nómadas; aunque la despedida sea fría y lejana como las deidades que solemos ser. Tu y yo sabremos siempre que fuimos  cobardes, que nos ganó la muerte y el miedo, que no somos los héroes barrocos, que nada es cierto, que me gustas y me cuesta decírtelo hasta cuando no te digo nada.

viernes, 25 de mayo de 2012

Ahí

Me caes tan mal cuando intentas desdeñar la sencillez de una invitación; la soltura de una plática entre líneas.

No tengo tiempo de esperarte o sofocar tus miedos que no comparto, ahogado en la culpa  te quedas mirando el vacío, otros ya volamos. Al menos moriré destrozada entre las rocas.

 Como preludio: el aire que acarició mi rostro antes del aterrizaje.

No quiero estar parada siempre en el borde de  la vida envidiando a los suicidas.

Yo también quiero arrojarle piedras a las gaviotas, encabronarme, azotar una puerta, llorar irremediablemente hasta perder el olfato, hasta que ya no vivas en mis ojos.

Podríamos ir a comer ¿sabes? o tomarnos un café o sentarnos simplemente en algún parque.

Podríamos, quizá podríamos, pero contigo todo se detiene ahí, en esa palabra en participio que al final sólo puede significar estupidez o cobardía.


lunes, 21 de mayo de 2012

ultima parada: Deseo

El hombre del bate miraba inexpresivo el cuerpo casi desnudo de aquella mujer,
- ¿está bien?- preguntó al hombre desnudo que le veía incrédulo

-No lo se-

el del bate no dijo nada sólo miró fijamente.

 el otro comenzó a hablar de pronto como impulsado por una fuerza sobre humana
-me levante de madrugada, sabía que aquel silencio no podía significar nada bueno, no en la ciudad de México, no a las 4 de la mañana cuándo las ambulancias comienzan su rutina fúnebre entre los ejes recogiendo los restos de la normalidad citadina, me levanté de golpe, y me detuve un poco sobre la puerta de la recámara, aún conservaba puestos los calcetines, tenía jaqueca y no estaba en casa, el alcohol que aún seguía en mi organismo me hizo correr a la ventana para expulsarle con algo de una cena que no recordaba haber tenido; y entonces lo vi, a lo lejos millones de fogatas inmensas, autos colapsados, cuerpos mutilados,
¿cuánto tiempo había dormido en aquel sitio?, ¿que demonios le había pasado a todo el mundo, intenté caminar a la cocina, pero un ruido de cristales me paralizó por completo, algo como una sombra se alzaba en el vestíbulo de aquel apartamento desconocido y entonces recordé, era ella debía serlo, pasamos varios días rondando por las periferias de ciudad, conociendo bares uno más horrendo que el anterior y sobre todo más sucios; me tranquilizó saber que no estaba solo y caminé hacia ella - has visto allá afuera?- pregunté
-al parecer todo mundo se ha vuelto loco- pero no hubo respuesta, su figura seguía estática en el pasillo, ahora podía ver su ropa interior y la bata resplandeciendo con la luz de la madrugada, me acerqué, confiado, aún no se como no me di cuenta a tiempo, sería el alcohol que me ha ido dejando un poco ciego o que ya me he acostumbrado al olor de la putrefacción, pero en menos de dos segundos ya la tenía encima de nuevo, esta ves no hubo preludio ni besos solo un golpe seco sobre el pecho, y sus diente dios sus dientes eran lo peor, no tenía mandíbula y de los frontales colgaba directa su lengua desangrada, sentí los rasguños, trate de quitármela, pero tenía miedo, sus ojos Dios, no puedo  ni siquiera volver a imaginarlos, estaban ahí sin estar con esa nube horrenda y blanquecina creciéndole más y más. hasta, de algún lugar de mi cuerpo decrépito saque algo de fuerza y la arrojé lejos, los brazos aún me sangraban, ¿lo ven?,
Dios, no se como bajé las escaleras y salí a la calle, pero ella no dejaba de seguirme, suerte que tuve de encontrarte, sí no jamás hubiera podido escapar-

el hombre del bate le miraba sin parpadear, - se siente bien?- dijo de pronto
-claro, Dios mío siempre pensé que moriría gracias a las mujeres pero jamás de esa manera-  el hombre del bate sonrió y pronunció entre dientes algo así como una disculpa.

Un golpe seco erizó el pelo de un perro que se alimentaba de una cabeza cercenada no muy lejos de ahí; la sangre bañó los cristales de la puerta del edificio, los ojos aún incrédulos del hombre miraban fijamente unas botas vaqueras que caminaban sin detenerse cada vez más lejos de ahí.

FIN