la nube de tabaco no pasa por mi pecho, algo se atora, regurgita.
son como mil caballos intentado salir de mi cuerpo, no respiro, o a penas, también es el tabaco, pero es el miedo, sobre todo el miedo.
Angustia indescifrable que tiene tu nombre, uno inventado, uno que no te gusta; igual no se pasa y tiene tu cara, el olor de tu cuerpo, que no se lava, no importa el tiempo de secado. Sigo amaneciendo húmeda, tiritando, con el calor del recuerdo palpitando entre mis piernas y no te saco de mi cuerpo aunque los caballos se azoten contra mis costillas, aunque muerdan y pateen, te he vomitado esta mañana, entre la resaca y el dolor de la presencia que se va difuminado, persigo la sombra en las paredes cerca de la ventana y en la orilla de la cama, como muerto como inhumano; me imagino otra vez y te contengo para que no te vayas aunque ya esté dolor sea insoportable, aunque la piel me deje ver las pezuñas incesantes rompiéndome los cartílagos y el hueso. aunque te quieras salir de mi pecho.